Gran parte de los aspectos que, como madres y padres, reflexionamos respecto al carácter y personalidad de nuestros hijos, tiene relación con la entrega y responsabilidad con que apoyemos a nuestra descendencia en esos aspectos. Es decir ¿podremos entregarles las herramientas y competencias para que puedan desenvolverse, de forma práctica y humana, en una sociedad que nos invita cada vez al individualismo, a la desconfianza y a la competencia?
En este sentido, una de las más importantes respuestas a esta interrogante, tiene relación con el desarrollo de las competencias emocionales: ¿Hacia dónde nos dirigen las emociones? ¿Vamos hacia dónde deciden las emociones? ¿Son ellas las que dirigen nuestra vida?
Y es aquí donde cabe hacer mención de la trascendencia que tiene este conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes, muy necesarias y relevantes en los niños y jóvenes para la toma de conciencia.
¿Qué quiere decir esto? Que tenemos que ser capaces de comprender, expresar y regular -de forma eficiente- cada uno de los estados y fenómenos emocionales que transitan en nuestra vida. La finalidad que tienen el desarrollo de competencias emocionales, en otras palabras, es tener ciertas condiciones para poder decidir ¿qué vamos a hacer? ¿a dónde vamos? y ¿cómo nos vamos a desenvolver respecto a estos estados emocionales?
Las competencias emocionales no son fáciles de lograr. Para ello, se debe realizar un trabajo permanente, sistemático y continuo que tiene que ver con el ciclo de la vida. Adquirir estas herramientas, sin duda, va a favorecer la adaptación de los niños en el contexto social y, además, una mejora en el afrontamiento de los retos que les va a plantear la vida en el futuro.
Considerando los aspectos más importantes y las dimensiones que trabajan las competencias emocionales, sin duda, están: el desarrollo de conciencia emocional, regulación de nuestras emociones, autonomía emocional, competencias sociales y habilidades para la vida y bienestar. Estas cinco dimensiones son relevantes y necesarias para construir y desarrollar niños y seres integrales.
En los tiempos que corren, en medio de una pandemia, encerrados en casa sin poder socializar como quisiéramos, tener competencias emocionales -en concreto- no es desarrollar la inteligencia emocional para que seamos personas exitosas y felices en la vida. No, la educación emocional no garantiza eso, porque muchas veces tendremos problemas en la vida, pero cuando se presenten, tendremos la capacidad de poder tomar conciencia y contar con herramientas y pericias para enfrentar estos malos momentos, y podremos dirigir y transitar de una forma más sana frente a ellos.
Por eso, es tan importante la educación emocional. Tan importante que los padres, las madres y los educadores, deberían formarse y trabajar el desarrollo de sus propias competencias emocionales, para contribuir así, entre todos, en la construcción de un Chile más justo, solidario y bondadoso.
Arnaldo Canales
Director ejecutivo, Fundación Liderazgo Chile

