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«Simona asiste a una tesis» Columna escrita por Miguel Ángel Santos Guerra

Simona asiste a una tesis

El título no habrá suscitado sorpresa, salvo la pequeña que surge de la identificación de la persona a la que, supuestamente, se refiere el nombre propio de Simona. Es probable, sin embargo, que ahora, al saber que es el nombre de una perra podenca de siete años a la que le falta la pata delantera derecha y que se trata de una tesis doctoral leída en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo, se produzca incredulidad y asombro.

Esa misma mañana de la lectura (siete de septiembre), en la sección de Sociedad del periódico La Nueva España se podía leer este llamativo titular: “Simona, la perra que se comió una pata para sobrevivir y que asistirá a una tesis”. La periodista M.G. Salas, que firma el artículo, cuenta la historia de esta perra a la que un cazador dejó atrapada en una trampa y que, para sobrevivir, arrancó a dentelladas su extremidad. Asombrosa reacción de resiliencia que, probablemente, estuvo reforzada por el hecho de que quiso salvar también a los cachorros que iba a traer al mundo, ya que estaba embarazada.

Rescatada por Marga, su salvadora, puesta en manos de un veterinario y operada con urgencia, salvó la vida, aunque perdió a sus cachorros y su pata delantera derecha. Todo esto sucedió en Chiclana (Cádiz) hace algunos años. Marga publicó la foto de Simona en internet donde fue vista y solicitada en adopción por mis queridos amigos ovetenses Noemí y Fran, amantes de los animales y, por consiguiente, personas de gran corazón. Como no se veía claramente en la foto, les informaron de que a la perra le faltaba una pata y ellos, que efectivamente no se habían percatado de ese hecho, dijeron que era un motivo más para la adopción. Ese hecho también define a mis amigos, que se desplazaron desde Oviedo a Chiclana para recogerla e incorporarla a la vida de la familia, donde ya había otros cinco perros.

Se preguntará el lector el porqué de la presencia de Simona en esa tesis doctoral. Lo explicaré brevemente a continuación. Beatriz Cimadevilla Alonso, la doctoranda, había presentado su trabajo titulado “Una nueva filosofía de la educación: la empatía animal”. En connivencia con Noemí Rodríguez, “mamá” de la perra y miembro del tribunal, pensó que sería un hermoso símbolo la presencia de Simona en el acto universitario de más alto rango académico.

En la presentación del acto, como presidente del tribunal, hice referencia a la presencia de Simona, animal no humano en el que podían estar representados todos los animales que sufren en este mundo nuestro, que es también su casa.

Simona asistió al acto con la tranquilidad que propiciaba un ambiente empático y sosegado que la hacía el centro de las miradas y de los afectos de los presentes.

La tesis había nacido hace cinco años, se había llenado de lecturas, de reflexiones, de búsquedas de experiencias, y habían cuajado en un texto de casi cuatrocientas páginas, de las cuales más de 60 eran referencias bibliogáficas utilizadas en la redacción del informe final.

La dedicatoria del trabajo es elocuente: “Esta tesis está dedicada a todos los animales no humanos que sufren; y a aquellos de mis hermanos animales no humanos que, sin sufrir, forman también parte de mi mundo”. Y, dirigiéndose a ellos, dice: “Vosotros estáis entre aquellos que dan sentido a mi vida”

Desde el Arte, el Derecho, la Filosofía, la Ética, la Política y la Pedagogía, Beatriz había elaborado un rico y apasionado discurso que se dirigía con rigor a las mentes, pero que también pretendía alcanzar el corazón de los futuros lectores y de los oyentes que escuchábamos su exposición.

Yo abogo por tesis que aborden temáticas que contribuyan a la mejora de la sociedad. No me gustan tanto (aunque cualquier tema de estudio me parezca respetable) los ejercicios de diletantismo sobre cuestiones (¿cuál es el sexo de los ángeles?) que solo tienen como objetivo el alcanzar un título pero que en nada puede afectar a la transformación de las personas y de las sociedades. No hay conocimiento útil si no nos hace mejores personas.

Conozco un caso en el que un miembro del tribunal preguntó al doctorando para qué servía la investigación que había realizado durante tanto tiempo y con tanto esfuerzo. La contestación no tardó en llegar, de boca del mismo doctorando: Para nada.

En este caso se pretendía argumentar por qué y cómo había que evitar a toda costa el maltrato de seres no humanos sintientes, sea para experimentación, recreo o capricho y, sobre todo, por qué y cómo despertar y cultivar la empatía con los animales no humanos a través del curriculum escolar.

Eso exige, según la autora, la necesidad de formar docentes empáticos ya que nadie puede dar lo que no tiene. Permítaseme repetir una vez más: El ruido de lo que somos llega a los oídos de nuestro hijos y alumnos con tanta fuerza que les impide oír lo que decimos.

Recuerdo que la familia de una amiga de mi hija recibió del Colegio una carta informando de que su hija había pisado y aplastado una lagartija en el patio de recreo. No sabían los profesores que el padre de la criatura tenía en el sótano de la casa un enorme museo con piezas de caza mayor disecadas que eran el fruto de sus frecuentes cacerías a África.

Para mejorar la calidad moral de la sociedad es necesario superar una visión especista que considera a los animales no humanos como cosas que se pueden usar y tirar. Hay que acabar con tanto sufrimiento gratuito ya que los animales no humanos son seres sintientes que merecen respeto y cuidado. Hace unos minutos acabo de escuchar en la televisión las palabras del alcalde de Tordesillas tachando de “terrorismo social” el intento de prohibir el Torneo del Toro de la Vega. Qué barbaridad. Terrorismo es divertirse con el sufrimiento (hasta no hace mucho también la muerte) de un animal inocente en la vega del río Duero..

No es el momento de plantear las exigencias técnicas que ha de tener una investigación doctoral. El tribunal calificó el trabajo con sobresaliente y dejó, como es preceptivo, la concesión del cum laude al resultado de la votación secreta de los miembros del tribunal. Solamente citaré la primera de sus diecisiete conclusiones:

“Debemos educar en valores que incluyan a los seres vivos. Para ello podemos (debemos) partir como de un principio clave de la crítica de cualquier sociedad que participe del especismo y la cosificación y construir desde aquí una alternativa”.

Al iniciar el acto académico, la prensa escrita y televisiva dejó constancia de la actividad. Hoy, en el telediario de una cadena nacional, se han destinado unos minutos a la noticia. Me parece estupendo que los medios de comunicación se hagan eco del fenómeno educativo no solo cuando se produce un escándalo, un conflicto o una agresión.

La tradicional comida que la ya doctora quiso ofrecer generosamente a los miembros del tribunal tuvo lugar en un restaurante vegano. No podía ser de otra manera. Simona también asistió. Y compartió nuestra comida de manos delDirector de la tesis, mi admirado profesor de filosofía José Antonio Méndez.

Sobre este tipo de comida he expresado alguna vez mis reservas.

No me parece razonable que los miembros de un tribunal que desde una situación de poder, hacen intervenciones duras y hasta crueles (no era este el caso, por supuesto) tengan que ser invitados a comer por quien, por razones obvias, no ha podido defenderse o replicar. No me refiero a críticas respetuosas y fundadas, claro está. No hace falta añadir que el doctorando, que ha hecho un esfuerzo económico importante para llegar al final de ese largo y complicado camino tenga que añadir un gasto notable pagando una comida en un restaurante de postín. Otra cosa sería tomarse unos vinos en la cafetería de la Facultad. El diálogo podría fluir en ese espacio igualmente sin que a uno le costase tan caro.

Mi enhorabuena a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo por albergar esta tesis, a Beatriz por el trabajo que la ha convertido en doctora, a José Antonio por la dirección de la tesis, a Noemí y a Fran por la adopción de esta maravillosa perra y, por supuesto, a Simona por su ejemplo de resiliencia y de bondad.

Columna escrita por Miguel Ángel Santos Guerra

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