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Vacaciones… Una invitación a cuidar nuestra salud mental

Vacaciones... Una invitación a cuidar nuestra salud mental

Se creería que luego de casi dos años en casa producto de la Pandemia y con la vuelta paulatina a la “normalidad” de los trabajos, escuelas y actividades sociales restringidas, la temporada estival se vería como una oportunidad para viajar, ir a la playa o campo y disfrutar en familia. Sin embargo, encuestas reflejan que más del 50% de los chilenos no se tomarán vacaciones en este periodo y al indagar el por qué? los principales motivos son económicos, de salud y principalmente temor a la situación sanitaria, ya que cuando creíamos que todo estaba pasando o más controlado, aparece ÓMICRON y con él también el miedo, la incertidumbre y para muchos quienes lamentablemente han perdido a un ser querido, reviven esos momentos que por supuesto no quieren que sucedan de nuevo.

Frente a esta situación hay dos puntos que me preocupan y mucho, primero los tiempos de compartir en familia, de reír, de explorar y descubrir, porque para los niños, las vacaciones son las vacaciones, más aún luego de uno escolar mayoritariamente a distancia y a través de una pantalla. Y por otro lado y no menos importante; nuestra salud mental. Que importante es darle un respiro a nuestra salud mental.

Nuestro cuerpo y nuestra mente

Nuestro cuerpo y mente nos hablan constantemente, unas veces más fuerte que otras y hay que escucharlo. Como adultos y padres tenemos grandes responsabilidades; en el hogar, los hijos, el trabajo, en lo económico, pero la principal responsabilidad es con nosotros mismos ¿Y cuándo nos habla el cuerpo? Cuando nos sentimos fatigados, nos cuesta respirar, se presentan jaquecas, entre otro, ¿y cuando nos habla nuestra mente? Es cuando se nos comienzan a olvidar las cosas, dormimos, pero no descansamos y principalmente cuando estamos irritados frente a situaciones que no lo ameritan. Todas estas señales nos indican que debemos poner STOP a nuestras rutinas diarias y desconectarnos, porque significa que debemos velar por nuestro bienestar emocional e integral. Por lo mismo, en las vacaciones el ideal es descansar, realizar rutinas nuevas y que por motivos de tiempo o laboral no podemos realizar durante el año. Pero la invitación también está en no engañarnos, la desconexión debe ser total, esto significa sin computador, sin revisar correos del trabajo en la noche, sin responder llamadas y en lo posible, aunque sabemos que casi imposible para algunos, “sin celular”. En otras palabras, calidad de presencia para nosotros mismos y para nuestras familias.

Un estudio de la Mutual de seguridad reflejo que más de la mitad de los trabajadores o se ha tomado vacaciones hace más de un año, y hay un 21% de ellos que no se han tomado vacaciones hace más de dos años, es decir no han hecho una pausa laboral durante este periodo o más. Una situación aún más preocupante que reflejo este informe es el caso de las mujeres, ya que un 25% de ellas no se ha tomado vacaciones hace más de dos años y además su sobrecarga laboral desde el hogar ha sido mayor.  Por esto, que es tan importante hacer este “STOP” y pausar, porque el no descansar y seguir manteniendo un alto nivel de exigencia, a largo plazo podría traer patologías asociadas a salud mental, y este aumento sería un serio problema entendiendo como es atendida en Chile la salud mental.

¿Cómo actuar frente a estas preocupaciones?

Como anteriormente mencioné, son dos puntos los preocupantes: La familia y la salud mental y he aquí mi invitación desde las emociones estéticas… ¿Las recuerdan? Es la experiencia emocional ante la belleza, aquello que nace de la sensibilidad, fruto de la conexión con lo que se está observando o en algunos casos, sintiendo en otros y que produce en la mayoría de los casos emociones facilitadoras, así como también emociones obstaculizadoras. Las emociones estéticas afloran en situaciones y momentos cotidianos, por ejemplo …  ir caminando por la playa y coincidir con una puesta de sol, adentrarte a un bosque y observar su entorno, con la naturaleza, una obra de arte, una canción, incluso a través de la danza, en resumen, las emociones estéticas aparecen frente a todo tipo de belleza que nos rodea en distintos momentos de nuestras vidas. Por esto, las vacaciones son un periodo valioso para rodearse de estas emociones tan enriquecedoras para todos, sin importar edad, condición económica o religión.

Se podría pensar que para experimentar estas emociones hay que salir, viajar, recorrer lugares nuevos, claro, es una opción. Pero al vivirlas en la cotidianidad también podemos verlas en nuestras casas, imaginen un panorama nuevo con los hijos, hacer un camping nocturno en el patio de la casa, y apreciar algo tan simple pero bello como la luna o las estrellas, cuantas emociones aflorarían con algo tan cercano y lejano al mismo tiempo, las conversaciones en relación a la luna, su belleza, las preguntas de los más pequeños y las respuestas de los más grandes, se genera un espacio de vinculación a través del asombro y con un elemento que quizás siempre estuvo en el cielo y lo hemos visto mil veces pero ahora es distinto, nos desconectamos, disfrutamos en familia, y esa experiencia de seguro los niños no la olvidaran.   

Nuestro papel como padres

Como padres, sabemos que el desafío no es menor, pero a la vez hoy sabemos que el verano es un espacio para salir al aire libre con los hijos y la naturaleza es una instancia que nos invita al recogimiento, reflexión y a desconectarnos y alejarnos de los ambientes urbanos que muchas veces nos ciegan, nos anestesian y limitan una mirada amplia de la belleza que nos rodea. Estos espacios también tienen un aspecto emocional muy importante, porque muchas veces las emociones son en sí factores que despiertan las huellas en la mente y nuestro corazón de momentos que son inolvidables, lo que se relaciona directamente con experiencias emocionales. En este sentido, las emociones estéticas tienen que ver con esta mirada de que son una fuente natural desde la emoción más genuina y pura de los seres humanos frente a la belleza del entorno que nos rodea.  El hecho de vivir con nuestros hijos un atardecer y ser conscientes de esa belleza, nos invita como padres a agradecer las cosas simples de la vida, pero al mismo tiempo les estamos dando a los niños la posibilidad de asombrarse, de hacer propias y reconocer emociones facilitadoras que aportaran a su bienestar integral.

Entonces por qué no aprovechar la oportunidad, por un lado, dejamos nuestra vida caóticamente hermosa en pausa y vivimos unas vacaciones de desconexión total, dentro o fuera del hogar, pero con quienes más amamos y nos recargamos de energías para un nuevo año que de seguro estará colmado de desafíos.

 

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