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La Emoción Detrás del Voto: Un Viaje a la Decisión Constitucional

Por Arnaldo Canales Benítez

Director Ejecutivo Fundación Liderazgo Chile (FLICH).
Impulsor de la Ley de Educación Emocional en Chile.
Magister en Educación emocional y Máster en neurociencia aplicada

Nos aproximamos al 17 de diciembre, la fecha que nos invita a tomar una decisión crucial sobre el futuro de Chile, pero muchos ya están cansados, agotados y mirando con aversión lo que se viene, luego del estallido social y desde un consenso social de la polarización que vive Chile y que va más allá de afiliaciones partidistas. La elección de la nueva propuesta constitucional no es solo un acto político, sino un viaje emocional que nos lleva a reflexionar sobre nuestras esperanzas, temores y aspiraciones colectivas, pero también nos moviliza, nos paraliza o nos invita a huir, estas tres conductas que por esencia nos mueven las emociones.

En este escenario, cada chileno se enfrenta a una disyuntiva emocional única. La esperanza, como faro que ilumina el horizonte, nos impulsa a buscar un cambio que refleje nuestras aspiraciones compartidas. La posibilidad de una nueva constitución, libre de las sombras del pasado, despierta en muchos la esperanza de un futuro más justo y equitativo y eso los movilizara sin duda.

Sin embargo, el miedo acecha en las sombras de la toma de decisiones. El miedo a equivocarnos, a elegir un camino incierto, a caer en las mismas trampas del pasado. ¿La nueva propuesta cumplirá con nuestras expectativas? ¿O es preferible aferrarse a lo conocido, aunque cuestionado, por temor a lo desconocido? Cada pregunta tiene una base emocional y desde ahí la conciencia emocional es clave para no equivocarse.

Por ejemplo la rabia, una emoción alimentada por la historia constitucional tumultuosa, también se hace presente. Es rabia acumulada que ya no es emoción, es un sentimiento en muchos que aflora mas que nunca en estas fechas. Y sin duda la gran diferencia entre emoción y sentimiento, es que esta última es la emoción hecha conciencia, por lo tanto debemos estar muy claro desde que vereda nos movemos.

Por otro lado la frustración por los errores del pasado y la sensación de que las promesas de cambio han sido traicionadas generan un fuego interno que influye en la toma de decisiones. Hemos votado antes y no paso nada, muchos se sientes engañados, decepcionados incluso mucho no irán a votar por este mismo cóctel de emociones que nos paralizan por lo tanto la pregunta es ¿Es esta la oportunidad real de redimirnos como sociedad? ¿O la rabia nos ciega ante la posibilidad de un consenso constructivo?

Por lo tanto la educación emocional emerge como una herramienta esencial en este contexto. Comprender nuestras emociones y cómo estas influyen en nuestra decisión de voto nos permite abordar la elección con mayor claridad y objetividad.

La toma de distancia frente a las traiciones y decepciones que muchos ven desde ambos lados, nos invita a analizar las propuestas con mente abierta, sin caer en las trampas de la polarización.

Es por eso que es vital, la promoción de emociones prosociales, como la empatía y la solidaridad, la bondad que también juega un papel clave. Y si no creemos que esto es real es cosa de ver como los países nórdicos abordan el trabajo de mirada de estado dese estas emociones pro sociales, en lugar de centrarnos en divisiones partidistas, es por eso que podemos buscar puntos en común que unan a la sociedad en la construcción de un futuro compartido. La capacidad de comprender las preocupaciones del otro y trabajar juntos hacia soluciones comunes es fundamental para superar las barreras emocionales que a menudo polarizan el debate político. Como decía Humberto Maturana “Pasar de la oposición a la colaboración”

El voto, entonces, se convierte en una expresión de nuestras emociones colectivas, un medio para canalizar nuestras esperanzas, miedos y deseos de cambio. Cada ciudadano, cada chileno, al ejercer su derecho al voto, no solo contribuye a la decisión constitucional sino también a la construcción de un tejido social basado en la comprensión y el respeto mutuo.

En última instancia, el desafío emocional que enfrentamos como sociedad al tomar decisiones trascendentales como esta nos brinda la oportunidad de crecer y evolucionar. Al comprender y abrazar nuestras emociones, podemos transformar la decisión constitucional en un catalizador para un Chile más unido, resiliente y comprometido con el bienestar de todos.

Y si vamos a la Genesis de estas votaciones debemos recordar que todo nace y surge desde la carencia de empatía, cuando crece un estallido social en octubre del 2019.

La Encuesta Movilización 2019, llevada a cabo por el Centro de Estudios Espacio Público junto a Ipsos, reveló que el 68% de los participantes considera que «la falta de empatía y liderazgo como así el conocimiento profundo de la realidad de los ciudadanos en Chile afecto el estallido»

En segundo lugar, un 19% destaca la necesidad de «liderazgo para alcanzar acuerdos entre autoridades políticas».

Notablemente, el énfasis en la empatía como atributo es más pronunciado entre los jóvenes de 18 a 29 años, alcanzando un 60% de menciones. Este enfoque en la empatía sugiere que la ciudadanía valora la comprensión profunda de los desafíos sociales como clave para liderar soluciones efectivas durante la crisis, destacando la importancia de la conexión emocional en el liderazgo. (Fuente: Ipsos_encuestaestallidosocial2019)

El norte finalmente está en trabajar la educación emocional para lograr una sociedad más empática, lideres más empáticos y tener una mirada de estado desde las emociones pro sociales.

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