Educar para la paz
El pasado martes, día 5 de abril, me emocioné profundamente al ver al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, dirigirse al parlamento español. Denunció los crímenes de guerra que estaba perpetrando Rusia en su país, agradeció la ayuda de España y pidió apoyo para seguir haciendo frente a la invasión. Dijo que, aunque estamos en abril de 2022, parecía que estábamos en el mismo mes de 1937, contemplando el bombardeo de la ciudad de Gernika por la aviación alemana. Los horrores de la guerra golpean y destruyen la paz del mundo. Llevamos más de cuarenta días viendo bombardeos, destrucción, crímenes, éxodo de millones de refugiados… La aniquilación de la ciudad de Bucha nos ha hecho testigos de la atrocidad más extrema.
Aplaudieron al unísono los parlamentarios puestos de pie. El presidente español agradeció al pueblo ucraniano el ejemplo de su valentía y su lucha por la defensa de la libertad, de la democracia y de los derechos humanos, garantizó la continuidad de la ayuda e, incluso, el apoyo para la incorporación de Ucrania a la Unión Europea.
Zelenski, a quien se le ha ofrecido la salida del país, dice que él quiere quedarse para estar al frente de su ejército y de su pueblo. Y que lo que necesita son armas y medios para detener la invasión. Se muestra cercano a su pueblo, comprometido con sus derechos y valiente ante la fuerza de un ejército superior.
Además de la guerra que maneja armas, hay otra guerra que es la de la desinformación. Quien ha tomado unilateralmente la decisión de invadir, llena los medios y las redes de mentiras. Las fake news se multiplican sin el mínimo pudor. Fotografías falsas, explicaciones falsas, números falsos… La guerra lo pervierte todo.
Llevamos más de un mes escuchando el sonido de las bombas y viendo imágenes de la destrucción en Ucrania. Más de cuatro millones de refugiados, miles de muertos y de heridos, destrucción de bienes públicos y privados, daños psicológicos sin cuento para los que viven la guerra y para todos los que la contemplamos. La guerra solo produce víctimas. Incluso los vencedores acaban siendo victimas de la guerra. Porque tienen que cargar con el dolor causado y la destrucción generada.
¿Cómo detener este desastre? ¿Cómo evitar que vuelva a producirse? Sé que puede parecer ingenua mi postura, pero creo que la solución, a largo plazo, es la educación para la paz. Ante esta horrible masacre, ante esta obscena invasión que desprecia las leyes internacionales, ante este horror que contemplamos impotentes y aturdidos, hay que reaccionar intensificando las estrategias de educación para la paz. La paz se construye cada día a través de la educación. A corto plazo, hay que poner en marcha las leyes que garanticen la paz mundial, hay que ayudar a quienes se defienden, hay que aplicar sanciones, hay que juzgar a los genocidas y hay que expulsar, como se ha hecho, a Rusia de las instituciones que defienden los derechos humanos.
Dice Bob Marley, cantante pacifista jamaicano: “Si todos nos damos las manos, ¿quién sacará las armas?”. Su compromiso con la paz le hizo decir: “La gente que está tratando de hacer este mundo peor no se toma ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo?”. Y a eso voy. A preguntar cómo podemos avanzar hacia un mundo más habitable, más solidario, más compasivo, más pacífico. A decir que no podemos disfrutar de un solo día de descanso mientras mueren, sufren y se exilian innumerables víctimas en Ucrania.
La paz no es la mera ausencia de conflictos. En ningún sitio hay más paz que un cementerio. Allí nadie molesta a nadie, nadie le hace daño a nadie. No es esa paz la que queremos. Tampoco es la paz que se sustenta en la injusticia, en la desigualdad, en la miseria y en la opresión. Hay que buscar una paz que descanse en la justicia y en la solidaridad.
Educar para la paz es contribuir a alejar el peligro de la guerra, poner fin al expolio de las zonas empobrecidas del planeta, enseñar desde y para la no-violencia, aprender a considerar el conflicto como un vehículo de cambio si sabemos resolverlo sin recurrir a la violencia, integrar al alumnado en un proceso de transformación de la sociedad hacia la justicia y la armonía.
En 1960 Johan Galtung, introdujo la noción de violencia estructural y paz positiva afirmando que mientras existan injusticias e insatisfacción de las necesidades humanas básicas por parte de seres humanos, no existe la paz. La paz positiva no sólo es ausencia de violencia estructural, sino también presencia de cooperación no violenta e igualitaria. Decía Galtung: «la tarea positiva del trabajador por la paz es la construcción de la justicia y del desarrollo para que todos los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades básicas». Y también: “la apreciación cognitiva de los valores de paz no es suficiente, se requiere también una adhesión emocional a estos valores”.
Hay que formar en las escuelas personas capaces de transformar el mundo, de hacerlo un espacio donde quepamos todos y todas. Lo decía Paulo Freire: la escuela no cambia el mundo, forma a las personas que van a cambiar el mundo. El futuro en la paz positiva es «producto de la esperanza en la búsqueda y construcción de un orden nuevo, del nuevo hombre y de la nueva mujer […]en búsqueda de su liberación», dijo Paulo Freire en el año 2005.
Todos y todas podemos ser constructores de la paz. Todos y todas debemos comprometernos en la lucha por un mundo en el que reine la paz, en el ámbito de las naciones, de las instituciones y de las familias.
No estoy de acuerdo con aquel viejo aforismo latino: si vis pacem, para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra). No. Si quieres la paz, construye la paz. El Ministerio llamado de Defensa no tiene un nombre muy preciso. Si todos los Ministerios de la guerra se llamasen de Defensa, ¿de quién se defenderían? Alguno debería llamarse Ministerio de Ataque, aunque fuese por turno.
En palabras de Webel, la paz es, como todos los ideales y las necesidades humanas, deseada y deseable, siempre potencialmente dentro de nosotros, aunque sea difícil de discernir y aparentemente imposible de lograr. La búsqueda de la paz puede parecer quijotesca, pero eso es parte de su atractivo.
La paz feminista (nivel macro y micro) es una parte esencial de la educación para la paz. Durante los años 70 y 80, investigadoras de la paz feminista amplían tanto la paz negativa como la paz positiva para incluir el estudio de la violencia micro-social.
Educar para la paz es propiciarel desarrollo de habilidades y la adquisición de herramientas que permitan a las personas y a los pueblos convivir de forma pacífica o, lo que es lo mismo, vivir sin violencia. Este proceso lleva implícita la asimilación de valores como la justicia social, la igualdad, la cooperación, la solidaridad, el respeto y la autonomía. La escuela es el espacio vivo y el taller de la paz.
Una manera efectiva por tanto, de llegar a ser ciudadanos y ciudadanas comprometidos con el cambio social y la construcción de la paz, es a través de lapromoción y el desarrollo de un sistema educativo que institucionalice la Educación para la Paz en la vida de los centros escolares. En mi comunidad autónoma existe desde hace años un interesante Programa denominado “Escuela, espacio de paz”. Esta Red andaluza de centros trabaja de forma explicita, secuenciada, colegiada y efectiva la educación para la paz.
¿Fue Bladimir Putin un niño educado para la paz? Obviamente, no. Una persona a la que han inculcado los valores que construyen una paz justa, no declararía nunca una guerra. Y no soportaría el espectáculo de tantos horrores causados. Una cosa es ver las víctimas de un terremoto, de un tsunami o de una pandemia (¡tan terrible ya!) y otra ver las muertes causadas por la voluntad de un ser humano que se arroga el derecho de decidir sobre la vida de los demás. Hay que parar la guerra. Hay que educar para la paz.
Columna escrita por Miguel Ángel Santos Guerra
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