Por Arnaldo Canales Benítez
Director Ejecutivo Fundación Liderazgo Chile (FLICH).
Impulsor de la Ley de Educación Emocional en Chile.
Magister en Educación emocional y Máster en neurociencia aplicada
Las vacaciones y el verano despiertan el deseo de los jóvenes de experimentar emociones intensas; desde un bello amor, salidas con amigos, fiestas, relajo y disfrutar la vida en el aquí y el ahora.
La adolescencia es un momento de transformaciones biológicas, comportamentales y sociales, donde se forman y consolidan la personalidad, la autoestima y la autoconciencia de identidad. Estos cambios incluyen un desarrollo cerebral que puede predisponer a la adopción de conductas de riesgo donde quieren medir su cuantía y valía frente a los pares y desafiar muchas veces a la autoridad.
Las conductas de riesgo adoptadas por adolescentes aumentan la probabilidad de consecuencias. El consumo de sustancias, comportamientos sexuales arriesgados y conducción temeraria, entre otras, son destellos de placer inmediato, chorros de dopamina, éxtasis corto pero intenso como la euforia del gol en el último minuto, pero en contraste hay un oscuro telón de fondo con altas posibilidades de consecuencias negativas para su salud física, mental y social.
Frases como “yo sé lo que hago”, “ya lo sé”, “no me repitas lo mismo”, “si escuché” reflejan la resistencia de los adolescentes a consejos y, lamentablemente, solo hasta que viven experiencias fuertes y graves es cuando aprenden.
La clave reside en padres que estén atentos para poder reconocer conductas de riesgo y enseñar a los hijos a diferenciar temeridad de valentía. Muchas veces en mis charlas a jóvenes, les hago ver estas diferencias. La valentía conlleva en ocasiones poner en riesgo nuestra integridad o vida para ayudar a otros, pero la temeridad es ponernos en riesgo sin tener la necesidad de hacerlo, solo por demostrar la capacidad de hacer algo y sentirse único y valorado por sus pares. Es así como una sana autoestima, una genuina claridad de lo que soy y no soy, vinculado a mis competencias emocionales como auto confianza y autoestima son pilares fundamentales para que un joven no se arriesgue innecesariamente.

