Por Arnaldo Canales Benítez
Director Ejecutivo Fundación Liderazgo Chile (FLICH).
Impulsor de la Ley de Educación Emocional en Chile.
Magister en Educación emocional y Máster en neurociencia aplicada
En el viaje de la infancia hacia la madurez, los niños se embarcan en un viaje de descubrimiento, aprendizaje y formación de valores y todos como padres donde me incluyo, hemos logrado desde lo bueno y malo en nuestra crianza internar ir en esa via, que mis hijos sean personas de bien. Pero ¿A qué edad captan mejor estos conceptos? Es una pregunta que resuena en los corazones y mentes de padres, educadores y cuidadores y la verdad es mas temprano y con pequeños conceptos y narrativas el proceso se hace más natural.
La enseñanza de valores desde niños es fundamental. Los padres, tutores y docentes o como digo la red de contención de la familia, sean abuelos, tíos etc, desempeñan roles cruciales al modelar y transmitir estos valores. Desde la sostenibilidad ambiental, respeto a la diversidad, hasta la empatía y la inclusión, los niños absorben estas lecciones a través de experiencias, conversaciones y ejemplos cotidianos. Esto es clave, recuerden que el niño no nos escucha nos observa.
Pondré un mal ejemplo, quizás no es el mejor, pero quiero compartirlo y me paso hace ya 10 años, mi hijo Agustín con 8 años, había invitado a todos sus compañeros y mejores amigos a tomar helado en el colegio, tema que genero interés en su profesora al verlo en el patio y nos avisó como familia, pero era muy extraño que un niño tan pequeño llevara tanto dinero. Al llegar a casa, le preguntamos y reconoció que había sacado 10 mil pesos del velador de la pieza de sus padres. Para resumir y viendo que esto era un factor no negociable en la forma en que habíamos criado con mi exesposa a nuestros hijos, tuvimos la buena o mala idea de pedirle a carabineros, en una ronda que por esas casualidades de la vida hacían en la villa donde vivíamos que hablaran con mi hijo, que le dijeran lo bueno y lo malo de esas acciones. Llegaron ese día (casualmente era la idea), hicieron preguntas sutiles de como estábamos y entre ir y venir, Agustín confiesa lo que le había pasado, ahí el carabinero le explica muy pedagógicamente las consecuencias de ciertos actos y la historia termina. De este ejemplo puede haber muchos, pedir disculpas cuando comenten un error, reparar el daño, asumir y entender que cada acto tiene consecuencias, buenas y malas y desde ahí, la familia es vital y el factor cultural del entorno y los más cercanos, desde ahí vamos sumando la carga valórica en nuestros hijos.
Pero Imagina a una familia que decide practicar la sostenibilidad del planeta juntos. Pueden comprometerse a reciclar, reducir el consumo de plástico y participar en actividades de limpieza ambiental en su comunidad. Este compromiso con el medio ambiente no solo enseña a los niños la importancia de cuidar el planeta, sino que también fortalece los lazos familiares y fomenta un sentido de responsabilidad compartida. ¿Pero lo hacemos? ¿Cuánto tiempo le dedicamos? Preguntas para reflexionar.
La globalización y la diversidad lingüística también influyen en la adquisición de valores. La exposición a diferentes idiomas no solo amplía los horizontes lingüísticos, sino que también fomenta la comprensión intercultural y el respeto hacia otras comunidades y formas de vida, hoy lo vemos en Chile con muchas culturas, idiomas y costumbres, buenas, malas, cómodas, incomodas, todo eso es parte de la forma en que debemos enseñar, con otra sociedad, sin duda, pero ahí debemos estar, nos guste o no.
Algunos ejemplos para trabajar estos espacios son actividades al aire libre que ofrecen oportunidades únicas para que los niños conecten con la naturaleza, se relacionen entre sí y aprendan mientras se divierten. Estos entornos fomentan el desarrollo de valores fundamentales, como el cuidado del medio ambiente y la cooperación. Si un niño no ve un árbol, no ve animales, no conoce la naturaleza, que puedo lograr solo con marcos teóricos si no se hace parte de ese ecosistema.
Otro ejemplo, sería que Imaginemos una familia que organiza una acampada en la montaña. Durante esta aventura, los niños pueden participar en actividades de senderismo, observar la flora y la fauna local y aprender sobre la importancia de preservar los ecosistemas naturales. A través de estas experiencias, cultivan un amor y respeto por la naturaleza y desarrollan habilidades para trabajar en equipo y resolver problemas juntos.
Hora bien como decía, ¿Cuándo es el momento adecuado para comenzar a transmitir estos valores? Desde el principio. Los niños absorben información desde una edad temprana, y los primeros años de vida son críticos para establecer los cimientos de su desarrollo moral y ético. Los padres y cuidadores pueden aprovechar estas oportunidades para enseñarles sobre solidaridad, generosidad, bondad, colaboración, todas son emociones prosociales vitales para vincularnos desde la empatía por el otro y la humanidad compartida.
¿Cómo lo hago? Quiero algo practico como mamá, papá… (Aquí va una idea)
Como ejercicio en familiar les propongo, organizar una «caja de valores». Cada miembro de la familia puede contribuir con objetos, fotos o dibujos que representen un valor importante para ellos, como la amistad, la honestidad o la compasión. Luego, pueden tomarse un tiempo para compartir por qué eligieron esos objetos y cómo practican esos valores en su vida diaria, situaciones vividas y reflexionar.
El viaje hacia la comprensión y la internalización de los valores es único para cada niño está ligado con el pensamiento crítico, de una reflexión profunda de lo correcto o incorrecto en comunidad. Pero con amor, orientación y ejemplos positivos, podemos allanar el camino para que crezcan como individuos éticos y compasivos, listos para enfrentar los desafíos del mundo con integridad y empatía.

