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“La lista Robinson” Columna escrita por Miguel Ángel Santos Guerra

La lista Robinson

Vivir en una democracia lleva consigo la satisfacción de derechos y el cumplimiento de obligaciones O, mejor dicho, el cumplimiento de obligaciones y la satisfacción de derechos.  Cada derecho que defendemos y exigimos tiene el correlato de una obligación por parte de los demás. El siglo pasado fue el  siglo de los derechos. Me gustaría que este siglo fuese el de las obligaciones. Y ahí tiene que estar la educación. Los ciudadanos y ciudadanas tienen (deben) exigir sus derechos y, sobre todo, tienen que cumplir sus obligaciones.

El derecho a la privacidad exige a los demás la obligación de respetarla. Y aquí quiero llamar la atención sobre un derecho que está siendo quebrantado de una forma permanente.

Llevo meses y meses soportando, en cualquier día y a cualquier hora, llamadas intempestivas de empresas de telefonía, de energía eléctrica, de seguros de todo tipo (de hogar, de coches, de vida, de deceso…). Incluso cuando viajo al extranjero recibo llamadas  de carácter publicitario. Llamadas que comienzan preguntando en qué compañía estás y que acaban prometiéndote el oro y el moro, casi siempre escondiendo cláusulas que  se convierten en trampas. Resulta que la oferta era solo para tres meses o que el descuento prometido tenía una caducidad  silenciada o que te obligabas a una permanencia desconocida.

Muchas veces no atiendo la llamada. Y, cuando respondo, suelo hacerlo de forma un tanto agresiva, aunque sé que quienes me escuchan no tienen la responsabilidad de hacer la llamada. Son personas que necesitan un trabajo y tienen que aceptar lo que encuentran. Son personas que hacen lo que les mandan, probablemente por un sueldo de miseria. Y así se lo expongo al terminar la llamada.

  • ¿Le he dado a usted alguna vez mi teléfono para que me llame?
  • ¿Sabe si es para mí un buen momento para recibir esta llamada?
  • ¿Tiene alguna referencia sobre mi deseo de recibir la oferta que me va a hacer?
  • ¿Tiene idea de cuántas llamadas he recibido hoy como la suya?
  • ¿Cree que tiene derecho a robarme unos minutos para algo en lo que usted tiene más interés que yo?

Parecen llamadas generosas, pero son llamadas interesadas. Son ofertas que pretenden mejorar un servicio que ya tienes. En el fondo, hay una lucha contra otras empresas que ya tienen clientes a los que se les sugiere que rompan la relación contractual que han sellado.

Cada  día  se suceden las llamadas, en una rutina desesperante.  No hay derecho a entrar impunemente en la vida del prójimo con el fin de hacer un negocio.

Esas llamadas suelen sonar en el teléfono móvil (no tanto en el fijo). Lo cual quiere decir que puede sonar en un restaurante, en una tienda, durante un paseo o en medio de una conversación con amigos.

Pero ha llegado la gota que ha colmado el vaso. He recibido tres llamadas en un mismo día de un número y, curiosamente, no había una persona al otro hilo del teléfono. Había una máquina.

Somos de tal compañía, si quiere contratar un servicio, marque uno; si ya es cliente, marque dos; si quiere presentar una reclamación, marque tres. ¡In-cre-í-ble! Te  roban unos segundos que ellos se ahorran  con la maquinita.

Hay que denunciar en primer lugar, el traspaso de información que hacen las empresas con los teléfonos de los ciudadanos y de las ciudadanas. Y hay que denunciar esa invasión falta de respeto de la privacidad de las personas.  Una privacidad que está protegida por ley. Una ley que se saltan impunemente.

Es cierto que nadie te obliga a responder a una llamada de un número que desconoces, pero no se puede negar que el sonido del móvil interrumpe lo que estás haciendo. Y, por otra parte, no puedes ignorar siempre una llamada  que quizás sea de alguien que te llama con un mensaje de interés. Porque no reconoces todos los números, ni tus contactos son tan extensos que  incluyan  a todos los amigos o conocidos

Este fenómeno tiene variantes  de muchos tipos. Si vas al cine, tienes que ver, quieras o no, una colección de anuncios  ante la imposibilidad de girar la butaca para mirar en otra dirección. Si ves una película en televisión, tienes que tragarte treinta, cuarenta anuncios en cada pausa hasta que se reanuda la  proyección. Ya sé que nadie te ata al sofá para que no te levantes, pero no se puede negar que es un precio  que tienes que pagar sin haberlo solicitado.

Muchas veces, cuando estás navegando en internet, apareen llamadas de atención que se interponen en el camino de lo que buscas. Incluso aparecen ofertas de  algunos objetos que “saben” que estás buscando.

Cada día tengo que borrar de mi blog decenas de mensajes que llegan a la bandeja de spam o a la papelera. Por muchas barreras que pongas, se filtran mensajes de todo tipo. ¿Por qué ese bombardeo permanente, esa invasión de anuncios, de promesas, de llamadas, de invitaciones, de mentiras…?

De cada diez correos electrónicos que recibo,  hay siete  u ocho que son  de publicidad: restaurantes, viajes, hoteles, convocatorias, ofertas, informes, noticias, advertencias… Paso una buena parte del tiempo eliminando mensajes indeseados.

El buzón de la casa se llena de propaganda. Llamadas comerciales, políticas, religiosas… Los testigos de Jehová llaman a tu puerta para explicarte sus dogmas. Es famosa la respuesta del labriego andaluz al que le fueron a ofrecer las ideas los testigos de Jehová: No creo en mi religión, que es la verdadera, como para creer en la suya). Otro día llegan a ofrecerte la instalación de placas solares. Y al siguiente  te pretenden informar de un seguro de vida…

Es necesario respetar de una forma más eficaz  la  privacidad de cada persona, protegerla de mensajes no deseados.

Voy a proponer dos soluciones a esta organizada falta de respeto. Téngase en cuenta que según la Ley de Protección de Datos una empresa no podría llamar por teléfono o enviar publicidad postal o electrónica si no  se ha dado previamente el consentimiento para que lo haga.

La primera solución está en manos de cada uno de los ciudadanos y ciudadanas. Hay que rechazar estas persistentes faltas de respeto. No hay que quitarle importancia a este asedio. Hay que denunciar, rechazar, no tolerar este bombardeo incesante. En definitiva tenemos el derecho a que se respete nuestra tranquilidad.

Hay una forma de protegerse de este asedio informático que no sé cuántas personas conocen: la lista Robinson. Se trata de un mecanismo mediante el que se puede solicitar que no te envíen publicidad  ni al teléfono, ni al correo postal ni al correo electrónico. Yo lo he hecho, aunque todavía no sé qué eficacia va a tener.

La lista Robinson es un servicio que se gestiona a través de la Asociación Española de Economía Digital. Se trata de directorios creados con la finalidad de ayudar a particulares a librarse del acoso publicitario a través de llamadas telefónicas, SMS, correo postal o fax, practicado por muchas compañías, particularmente las operadoras telefónicas.

Apuntarse en la lista Robinson es totalmente gratuito. Lo que no sé todavía es la eficacia que tiene el hacerlo. He leído que hay que esperar dos meses para que se note de forma clara. También puede suceder que las compañías no tengan en cuenta  estas listas, en cuyo caso habría que denunciarlas.

El nombre de Robinson fue inspirado `por el protagonista de la novela Robinson Crusoe, escrita por Daniel Defoe, aislado de la civilización después de naufragar en una isa desierta. Simbólicamente, quien se apunta a una lista de exclusión publicitaria rechaza todo lo que llegue desde el exterior.

¿Por qué no se informa sobre la existencia de esta posibilidad de librarse de este asedio? He visto que, en otros países, existen medios diferentes para solicitar que esta protección.

La segunda solución demanda está en el debe  de las autoridades para proteger la privacidad de los ciudadanos y ciudadanas. Tenemos derecho a mantener nuestra privacidad. Tenemos derecho a que nos dejen en paz.

No vale todo para hacer negocio o para ganar adeptos.  La libertad de información no puede convertirse en libertad de extorsión.

Columna escrita por Miguel Ángel Santos Guerra

Para ver la columna original haz clic aquí

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